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domingo, 17 de junio de 2012

Cualquier día...


Negra noche y negro el decorado. Dos chicos deambulan con sus bicicletas por un descampado. La vegetación es densa. Se adentran por un camino. Los dos chicos silban como en verano azul, pero su canción no es veraniega, más bien es el último tema de los Tool, aunque su ineptitud por la música se confirma con su mala ejecución. Mientras manifiestan su incapacidad por la canción, uno se precipita cuesta abajo hasta caer en un agujero. Su amigo corre detrás de él, en su busca, gritando si está bien. El otro no responde.

El amigo se coloca en el borde del agujero y mira en su interior, su compañero está inmóvil junto a un cadáver. Los dos permanecen estupefactos. El cadáver es una mujer de unos 30 años con el cuerpo descompuesto, que está siendo devorado por gusanos. De repente el cuerpo de la mujer empieza a moverse convulsamente. El chico que está en el borde del agujero da órdenes a su amigo para que se vaya de allí, empieza a tirarle piedras para que reaccione. El chico agarra su bicicleta y la lanza contra su amigo para que la incorpore, aunque amigo y bicicleta caen de culo. El chico ve como un enorme gusano asoma por la boca del cadáver, empieza a arañar la tierra, patalea como un niño, su amigo lo atrapa por los sobacos y lo sube arriba. El gusano empieza a arrastrarse por el cadáver hacia ellos. Los dos gritan histéricamente y se van corriendo por donde han venido.

Los dos pedalean ansiosamente por el descampado, se dirigen a la carretera, un coche patrulla casi los atropella. El coche se para, baja un policía con cara de perro que les hace señales para que se acerquen. Los dos pálidos y con los ojos como platos se aproximan al coche, agarrándose fuertemente a sus respectivas bicicletas. Les interroga. Ellos, entrecortadamente, le cuentan al policía lo que han visto. El policía les exige que le guíen hacia el cuerpo del delito. Los dos se niegan rotundamente, recalcan lo del gusano de dimensiones gigantescas que asomaba por su boca y como había salido de ésta. El otro hombre que aún permanece en el coche, da el aviso en central, luego baja del coche y se coloca junto a su compañero. El policía comprende que no quieran ir, así que les pide que como mínimo les indique la posición, y que esperen junto al coche. Los dos asienten con la cabeza su predisposición para colaborar, señalan la zona del agujero amparados por la distancia y prometen esperar.

Los dos policías, se abren paso por el descampado. Uno de ellos gira la cabeza y ve como los dos amigos escapan salerosamente, mira a su compañero y le comenta que a lo mejor no ha sido buena idea. Los policías encuentran el agujero, examinan su interior, uno de los dos se aventura y baja junto al cadáver. El otro en el borde del agujero, le alumbra con la linterna. Los dos advierten un sonido. Algo que se arrastra entre las matas. El policía que está al borde del agujero enfoca el punto de donde proviene, ve como un gusano se abalanza sobre él, la linterna cae al suelo, el otro es deslumbrado por la luz, sube corriendo dirigiéndose hacia la linterna, la coge y alumbra el cuerpo de su compañero que se mueve de forma sincopada, viendo la cola del gusano, el resto ya se ha introducido por su boca. No sabe como actuar, impotentemente, corre hacia el coche para que le digan que cojones tiene que hacer. Cuando intenta correr, algo le agarra por un pie, el cadáver de la mujer está situado a sus espaldas. Mueve la boca enseñando sus dientes. El policía forcejea, la mujer le arranca una oreja, él le clava una patada, ella le agarra la pierna y se la arranca. El hombre cae inconsciente, aunque despierta justo en el momento que le devora su vientre.

Los dos chicos se despiden en un portal. El que ahora sube por las escaleras es Jonathan, y el que se va, es Richard. Los dos viven en un barrio periférico de su ciudad. El índice de delincuencia concentrado en ese distrito es elevado. Los dos están acostumbrados, ya han encontrado tres cadáveres, esta semana, en ese descampado.

Jonathan olvida el asunto. Abre la puerta de su casa, saluda a su madre alcohólica que ni le reconoce, se dirige en silencio a su habitación, en la que sus dos hermanos ya duermen, se desviste y se mete en su cama. No puede dormir, el ruido de las sirenas atraviesa las paredes. Sus hermanos se desvelan. El griterío de la calle aumenta. Se oye una manifestación de gente aproximarse. En menos que canta un gallo, mamporros en la puerta. Los dos hermanos salen de la habitación a ver que pasa. La madre abre la puerta y es absorbida por la masa, junto a sus dos hijos. Jonathan en la puerta, ve como son descuartizados e ingeridos. Sin dudarlo salta por la escalera de incendios y baja estrepitosamente hacia la calle, se encamina apresuradamente para casa de su amigo perseguido por gente agonizante. Las calles están en llamas.

Llega al edificio destartalado donde vive Richard. Empieza a tirar cosas a su ventana. Rompe uno de los cristales. La cabeza de su amigo asoma por el agujero “cagándose en tos sus muertos”, Jonathan bromea que elija el que quiera, que tiene muchos a sus espaldas. Su amigo se percata del asunto y le pide que le espere junto al coche, le lanza las llaves. Richard baja con su hermana, la madre y la abuela. Jonathan para el coche enfrente de ellos, los cuatro suben. Richard se lía a empujones con los no muertos que quieren catarlo. El culo de la madre casi no entra en el coche, Richard la empuja violentamente hacia dentro. Cierra la puerta y abre la del conductor, Jonathan le ha dejado el sitio. Richard arranca y atropella a unos cuantos, cantando puntos extra.


Los cinco en el coche entran en la M30. En plena noche, y atrapados en un atasco. Ya podían a ver puesto metro en la Elipa y se lo ahorraban. El coche parado. La abuela se caga encima. Se ahogan. La hermana y la madre la limpian. Richard y Jonathan bajan del coche e inspeccionan la zona. Cientos y cientos de coches parados. Todos ellos abandonados. Un estruendo hace que se giren sobre si mismos. Un no muerto se está comiendo los excrementos de la abuela, y a la abuela. La madre, la hermana se libran por los pelos, pero la madre tropieza, la hermana intenta incorporar a su madre, mientras su hermano, Richard, le espeta que huya, que no podrá con la madre que está muy gorda, que se salve ella. La hermana lucha con todas sus fuerzas intentando salvar a su madre, pero los no muertos ya la tienen cogida por las piernas. La hermana flojea y al final las dos, son engullidas por el gentío. Jonathan y Richard, cara a cara, se desgañitan en tanto se alejan del coche.

Unos coches más arriba, una mujer y hombre discuten por su frustrado matrimonio, ajenos a la desgracia que se les viene encima. Los dos tienen aspecto de ser de familia adinerada. Aburridos por sus avinagradas vidas, matan el tiempo entre disputas absurdas sobre su relación putrefacta. El marido, cabreado, sale del coche. Un agujero se abre en su sien. La mujer horrorizada se esconde tras el volante. De reojo ve a su marido que está tumbado en el asfalto. Levanta la cabeza y observa un comando que se dedica a disparar contra la gente que sale de los coches. Ella asustada, se dirige al asiento de atrás. Una vez situada allí, mueve el respaldo del asiento y penetra en el maletero del coche donde se esconde.

Jonathan y Richard oyen disparos. Se esconden detrás de un coche. Se sienten acorralados, por una parte están los no muertos que van hacia ellos, y en el otro lado un escuadrón de la muerte que se va cargando a todos lo que se encuentran por medio. Jonathan le dice que van a morir. Richard mira el suelo. Luego me mira a mí. Y vocifera que tengo muy malas pulgas.

Jonathan se gira hacia Richard extrañado, preguntándose con quien habla. Richard me señala. Le comenta que soy la responsable. Y el pobre Jonathan me saluda y me pregunta si les puedo sacar de ésta.

Jonathan y Richard bailan, y hacen señales a todo el mundo para ser un blanco fácil. Richard se enfurece y me recrimina mi comportamiento y me aconseja que no me pase, mientras su amigo está de rodillas en el suelo pidiéndome que no le mate.

Como no me gusta que me molesten en tanto escribo, dirijo el escuadrón asesino y la masa de no muertos para que les rodeen. Richard me exige que le de razones. Yo al final le mascullo que es mi relato y hago lo que quiero. Richard me llama animal y me ordena que lo cambie. El necio no sabe con quien trata. Le explico que él es un simple personaje que si no fuera por mí ni existiría. Jonathan me mira con los ojos abiertos y me pregunta si le puedo dar superpoderes. Me molesto mucho, y le pongo una chepa a Richard para pasarle mi décimo de navidad por su amorfa espalda. Sino gano el concurso, como mínimo ganaré la lotería.

Una mujer sale del maletero del coche que tienen a sus espaldas. Estudia la situación. Frunce el ceño. Le pregunta a Richard y a Jonathan que con quien demonios hablan. Me vuelven a señalar. Odio que me señalen. Ella me agradece el gesto por lo de su marido. Yo le informo que no va a disfrutar de la herencia porque los no muertos se la van a merendar. Me manda a la mierda. Le grapo la boca para que no hable. La Mujer me enseña su dedo corazón altivo y se lo corto. La pobrecita se retuerce por el suelo. Los no muertos huelen su sangre y se pelean por ella. Da status que se peleen por ti.

Richard se da cuenta de mi poder, pero me dice que a lo mejor se vuelve contra mí. Un francotirador del escuadrón de la muerte me saluda. Me apunta con su arma. Yo le hago bailar claque sobre las cabezas de los no muertos. El pobre resbala y precipita uno de sus pies sobre la boca de un no muerto y éste se lo arranca de cuajo, pero eso no hace que pare, el sigue bailando está vez en el suelo, creo que lo llaman break dance. Me fijo y veo que no está bailando, es más parecido al movimiento que produce un cuerpo cuando es mordido por pirañas.

Richard se me aproxima. Me indica que si estamos los dos juntos y le matan, yo moriré con él. Me aburre. Richard tiene un virus que le produce diarrea y se tiene que ir a defecar detrás de un coche, mientras hace sus necesidades despotrica. Jonathan se sienta a mi lado. Me invita a un cigarrillo. Los dos fumamos tranquilamente mientras vemos a los no muertos saltando y cantando alegremente. Le doy a Jonathan el poder de que pueda jugar con ellos al paquito el chocolatero. Jonathan empieza a jugar con los no muertos. Les pide primero que levanten una mano, luego la otra, luego un pie y se caen todos de culo. Reímos. Jonathan se divierte como un crío con sus Geiperman tamaño real.

Richard vuelve oliendo a caca. Los no muertos se tapan la nariz. Richard está furioso. Observa como Jonathan gobierna la voluntad de los no muertos y le solicita que lo utilice contra mí. Jonathan pasa de Richard, él siempre había querido ser cantante de orquesta para poder guiar los pasos de ese baile. Ahora todos le hacen caso y se siente el amo del mundo.

Como el tema Richard está muy sudado, lo convierto en no muerto y se une a los bailes que Jonathan organiza. La diversión dura poco, porque me aburro rápidamente. Jonathan lo descubre y utiliza su superpoder verbal contra mi persona. Como mi perro quiere morderme la mano, le devuelvo su misma medicina, hago que los no muertos le muerdan las manos sin miramientos. Cuando les ordena que paren, el muy tonto se muerde la lengua. Sale sangre a borbotones y un no muerto le come la boca.

Al final no queda nadie de mis personajes, porque me han hecho enfadar. Así, que la lucha final se llevará a cabo por los miembros del escuadrón de la muerte y los no muertos. Cómo no sé si es mejor que ganen los vivos como siempre o los no muertos como nunca, me voy al bar a tomar un café. Las dos bandas se quedan inmóviles esperándome.

Hay una cafetería que me abre sus puertas. Una camarera me trae un café y un bollo. Una televisión colgada en una pared, habla sobre el movimiento 15-M y como los indignados tratan de reconquistar Sol... pero unos golpecitos me devuelven a mi batalla... por lo visto, mis monstruos han encendido la radio de un coche, y han creado una Dead Party.
Pensándolo bien, los monstruos que he creado, no son tan mezquinos como los monstruos a los que se enfrentan los indignados.  Gane quien gane la tierra seguirá siendo un nido corrupto. Asqueada por la situación, dejo el final en manos del destino. Me vuelvo a la vida real, donde la realidad supera la ficción, y aunque no hay no muertos, hay otros monstruos más fieros que nos gobiernan. Les doy la espalda y les dejo a su libre albedrío, por lo visto, en el breve momento que decidí desconectar y ausentarme, aprendieron a superar sus diferencias y buscar sus puntos en común, y ahora estan en una continua juerga, ¿no podríamos hacer nosotros lo mismo? Siempre que hay alguien que supervisa... controla o castra o dice lo que se tiene que hacer... malo... Por el bien común xDDD Si es que la culpa la tienen los Griegos... envidia de pózima xDDDD

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