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domingo, 10 de junio de 2012

Inconsciente (4)


Nereida empezó a tomar la medicación, su estado había mejorado. Intentaba seguir todas las indicaciones del documento a rajatabla, pero de vez en cuando sufría una cataplejía, por suerte, más moderada. Comunicó a su empresa su enfermedad, como no la conocían bien le pidieron que su médico le redactase un informe para saber de que se trataba, y de cómo afectaría en su rendimiento, esa petición ultrajó a Nereida, pero acabó acatando.

Después de entregarles el informe, la empresa no quería perder la bonificación por tener a una incapacitada en platilla y le obligaron a tramitar su minusvalía. A Nereida le dolió esa falta de empatía que demostraron sus superiores.

Nereida consiguió el día libre ya que a los directivos les concernía. Fue a la consejería de asuntos sociales para informarse de los trámites a seguir. Un asistente social la atendió y le comentó que tendría que presentar unos informes y que sería entrevistada ante un tribunal médico que evaluaría su grado de minusvalía. El asistente social prosiguió resaltando que si conseguía un 65% de minusvalía tenía derecho a la pensión de invalidez no contributiva si es que carecía de ingresos o no había cotizado a la seguridad social. Nereida estaba dada de alta en la seguridad social y cotizaba pero no sabía si tenía las cotizaciones suficientes, a parte era una exigencia de su empresa lo de tramitar la minusvalía, si Nereida no se sentía incapacitada. El médico le aseguró que en principio no era una enfermedad disfuncional, así que Nereida se cuestionaba como iba a pedir una pensión si trabajaba y si trabajaba era porque se sentía bien.

Tal vez que Nereida sufriese una cataplejía ante el asistente social, ayudó a que éste le asesorase para pedir su vida laboral en las oficinas de la Seguridad Social aunque le recordó que la mandaban por correo, así podría consultar si era lícito percibir la pensión contributiva, le notificó que si era pensionista la medicación era gratuita y tendría muchas otras ventajas y eso le gustó a Nereida ya que su mediación precisamente no era barata. El asistente social, también le entregó un listado de enfermedades susceptibles de valorar como minusvalías, publicada por la Seguridad Social y la consejería de Asuntos Sociales y comprobó por ella misma que la narcolepsia estaba incluida en el apartado de hipersomnias con los parámetros y porcentajes que se consideraban. El asistente social enunció que para tramitar dicha invalidez, debería visitar un neurólogo de la Seguridad Social que le hiciese un diagnóstico más o menos severo de su enfermedad detallando su respuesta con los medicamentos. Nereida preguntó al asistente si valía su médico, aunque fuese privado, no obstante, el asistente le expuso que debía ser de la seguridad social, al igual que el psicólogo que evaluaría su estado psicológico. El asistente social la acompañó hasta la puerta, y se despidió cortésmente sin poder evitar soltar un comentario del tipo <<Tienes una vida por delante, no la malgastes>>, al percatarse de que Nereida, en lugar de pensar en ella, se preocupaba más por su empresa que la estaba obligando a tramitar su minusvalía por el tema de las bonificaciones.

Nereida cayó en la cuenta de que el asistente social tenía razón, llevaba mucho tiempo canalizando todos sus esfuerzos en ese trabajo esclavista, ella sólo tenía una vida y no podía desperdiciarla, haría lo posible para cobrar la pensión y abandonar esa empresa de carroñeros que sólo querían sacar provecho de su enfermedad. Nereida estaba saturada por tanta información pero haría lo posible por empezar a vivir su vida, pensar en ella misma, ser la protagonista y no una mala actriz que no llega ni ha personaje secundario de su mísera existencia.

Quedaba una hora para su sesión con la doctora, Nereida entró en una cafetería que estaba cerca de su consulta. Pidió a la camarera un agua, tenía que evitar tomar estimulantes a esas horas, y añadió que si se dormía que por favor la despertase. Nereida apuraba el vaso de agua, bajo la mirada expectante de la camarera que seguro que pensaba que estaba loca. A lo mejor estaba acostumbrada, tal vez todos los pacientes de la doctora iban allí, no pudo evitar reírse cosa que obligó que la camarera la despertase.

En la consulta, la mayoría de las veces la doctora le preguntaba por sus sueños. A Nereida no le importaba perder el tiempo hablando de ellos, la doctora estaba emocionada con el caso de Nereida y no le cobraba las visitas, quería ahondar en su enfermedad, y había muy poca información tanto por internet como en las bibliotecas públicas.

Nereida no podía evitar sentirse como algo especial. Realmente, era especial y se dormía.

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