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domingo, 12 de agosto de 2012

Picas


Mientras el mundo se derrumba a mí alrededor, y veo como agonizan los caídos, de rodillas, sobre el campo de batalla, sumergidos en sus propios vómitos, vísceras y sangre… mi mano temblorosa, permanece apresando su espada.

Mis pies se hunden sobre el fango. Mi cuerpo se resiente por el sobreesfuerzo. Mis ojos en neblina, por las gotas de sudor, que se deslizan sobre mi frente, recorriendo las arrugas del entrecejo, marcado, tras años de luchas macabras, sin sentido, transpirando odio, hastío, incluso, miedo.

La inseguridad, guía los pasos, de aquellos que temen por el futuro, agotados por un negro pasado, evitando el presente, combatiendo entre ensoñaciones, vanas esperanzas, irónicos cánticos heroicos, que fortalecen su ciega marcha sobre un terreno desequilibradamente hostil.

Recobro fuerzas, mientras mi espada desgarra miembros, que pesadamente se precipitan sobre un suelo apesadumbrado, donde se recuestan los abatidos restos de los vencidos. Y me dejo llevar por la corriente, del ensangrentado río de lágrimas, donde flotan los marchitos ideales, de esta obcecada sociedad inerte, movida por inercia.

Mi mente colapsada por terroríficas imágenes mugrientas. El alarido de las bestias, retumba en las montañas. El acero golpea contra el hueso, y los dientes sierran las palabras, cebadas por la codicia, de unos cuantos, que miran de lejos, como el cielo se resquebraja, y convulsiona, golpeando las ilusiones, de aquellos que sobreviven, bajo una máscara de horror y autoengaño.

Esa es mi lucha, mi batalla, mi vagar… entre el fuego y la ceniza. Despierto. La muerte me ofrece sus pálidos labios cubiertos de miel. Rehuyo sus besos, su delicada promesa de paz y de sosiego. No quiero descansar. Inquebrantable, prosigo, esquivando su nocturno velo.

Corro. Hacia ningún lugar. Doy vueltas sobre mi misma. Los espectros me atosigan, con sus lastimeras profecías. Soy la elegida, para combatir el hambre, la enfermedad, la avaricia. Apatía. Flaquean mis fuerzas, cuando las estrellas se escapan, chispeantes, hacia un nuevo día. El sol quema mi cara, mis pupilas. La verdad renace en mi ser, no habrá más destellos, cubriré de negro las mentiras.

domingo, 1 de julio de 2012

Subjetivo

Yo creo que si la gente se olvida de esa conducta altruista y se da cuenta al fin que cuando hace algo bueno, realmente lo hace por que se siente bien al hacerlo, por que le produce cierta satisfacción, realización personal y demás, nos liberamos de tanto engaño y autoengaño.

"En mi opinion" (Reflexión subjetiva) "Supongo" (suposición) Desde que nacemos el mundo lo vemos desde nosotros mismos, y nunca se ha de perder esa perspectiva, por que los demás son espejos donde nos reflejamos, y nos devuelven una imagen de nosotros mismos. Pero muchas veces, esas personas nos limitan a actuar de una forma u otra, y nos sentimos insatisfechos con el reflejo que recibimos, sin embargo otros espejos nos destrozan tras su ausencia, pero su ausencia nos destroza pq dejamos de percibir ese reflejo de nosotros mismos que tanto nos gratificaba,  el emisor somos nosotros, podremos volver a emitir en otro, sólo tenemos que encontrar otro espejo. (Hay más que profundizar, criterio para la búsqueda espejos, elección de espejos, descartar espejos, superar la pérdida de espejos, la saturación de reflejos, etc.)

No sólo los demás son espejos para nosotros mismos, sino que nosotros somos espejos para los demás. Constantemente, emitimos y recibimos reflejos, con lo cual, constantemente estamos interactuando con nuestro entorno, siendo fuente de mimetismos, aprendizaje, o los receptores de dicho mimetismo y aprendizaje. (Mi ciencia ficción)

Los niños se reflejan en los adultos y los adultos en los niños. Los niños mimetizan actos adultos y los adultos actos infantiles.

Otra cosa es que un adulto se comporte como un niño porque sabe que si patalea como un niño le haran caso. Si lo hace, es por que siempre que lo ha hecho le ha funcionado y eso ha quedado constante en su conducta. Si siempre le ha funcionado, por que cambiarlo.

En fin, explicaciones miles... supongo que habrán como unas 7. 058 millones más...

Luego entrarían los grandes mastodontes que son la sociedad, la educación y la cultura... ¿Incuestionables? Hay una gran memoria colectiva almacenada desde los inicios de los tiempos hasta la actualidad que nos traen modelos de moralidad y demás que todavía prevalecen.

Solución: ¿Una Afasia colectiva para regresar a la inocencia del despertar a la vida?

Yo todavía conservo un infinito número de ¿Y por qué no? que me tienen que contestar... al igual que los ¿Y por qué si?
Esto no se hace. Esto es así. Pues esto no se hace y esto es así por Dios, por que lo digo yo, por que me da la gana, por que lo dice la ley, por educación... formas de evadir la pregunta... ¡yo todavía sigo sin ver la respuesta! ¿Qué educación, por qué esta educación y no otra? ¿Quién lo dice? ¿Con que criterio? ¿Por que funcionó entonces funcionará a ahora? Y como sabes que al final te van a mandar a un callejón sin salida, y ves que todo es fruto de la memoría colectiva, te sumerges en tu propia afasia individual y observas como los ojos brillantes de los niños se van apagando a medida que van creciendo hasta quedar totalmente mates.

Pero no por ello se ha de sufrir. Luchar contra ello, es como darse de cabeza contra la pared a posta. ¡Sufrir por esas 7.058 millones de personas! Es plantearse lo implanteable, a posta.

domingo, 24 de junio de 2012

Renacer

"He decidido cortar con toda esta locura. Parar la inercia. Pero si no eres millonaria o, como mínimo, nadas en la abundancia, eso es imposible. Pero un día, la puerta, unidireccional, me llevará a la puta calle.

Después de trabajar, corro desesperada, para no tener que esperar, el dichoso autobús que me deja delante del metro. Muchas veces he pensado en el suicidio, sería la única fuente de liberación, para mi mente enferma, después del grandioso esfuerzo que hace, cada mañana, poniendo a funcionar mi organismo, para que se introduzca en lo que más detesta (aborrece, odia, hastía, aburre, fastidia, carga, empalaga, amuerma y putea… ¿Me he dejado alguno?). Pero no quiero dar esa satisfacción a la sociedad, antes les pasaba el cuchillo a todos ellos, que acabar conmigo. ¿Se creen que no percibo los mensajes subliminales que marchitan nuestra psique, nuestra inteligencia y finalmente nuestro físico?

Supongo, que los demás digieren bien las enseñanzas heredadas gracias a la capacidad humana por evitar salirse del camino impuesto, se niegan a desinhibirse, y permiten ser doblegados ante los usos sociales anclados en su subconsciente, con lo cual, no cuestionan la realidad que les gobierna, ya que para ellos esa realidad es única y universal. La sociedad consigue que todos se entiendan, los unos a los otros, soltándose sentencias arraigadas en el pensamiento colectivo que comprenden y ven como propio, y que les hace sentir como los seres racionales que creen que son. Esas sentencias aprendidas inconscientemente, son gracias a la sociedad que juega sutilmente con los miembros que la integran, manteniéndoles entretenidos en algo fútil, para que estén con la guardia baja, siendo ese el momento idóneo para bombardearles la mente con ideas que creerán que ellos solitos han desarrollado. Los pobrecitos reciben las ideas inyectadas con los brazos abiertos, y las transmiten (como un virus) a otros para que les escuchen con devoción, y lo harán, porque coincidirán en conclusión. Pero es lógico que coincidan, ya que la sociedad se ha basado en enseñanzas univocas. Esas enseñanzas, permiten creer al pueblo que sólo existe esta realidad en la que están conferidos. Que cuestionarse “otra” es una pérdida de tiempo. Que intentar cambiar el estado de las cosas no es productivo, y es una forma banal de quemar las energías. 

Así que es lógico pensar, que los miembros creados bajo la razón de está sociedad, sean incapaces de luchar contra el sistema, ya que el sistema les tiene bien inculcados, y ellos tienen muy bien asimiladas las reglas. Pobres humanos, por eso antes les pasaba el cuchillo a ellos que a mí. Su incapacidad por desarrollar pensamientos a partir de la nada, de romper con las ideas preestablecidas y generar unas propias… les hace parecer seres que han sufrido una afasia, por su ineptitud al expresarse de una forma autónoma.

Sería mejor que no despertasen nunca, que los cimientos que les mantienen no se derrumbaran jamás, porque si su ignorancia se revelara de la misma forma como yo se la percibo, descubrirían lo desdichados que son. Pero ellos mismos se lo han buscado, con su facilidad por recibir ideas colectivas sin ponerlas en tela de juicio. Hacen oídos sordos a las ideas que les desmoronarían, las que cuestionan su naturaleza, y se defienden de ellas impidiendo que penetren en su ser, se niegan a razonarlas. Si lo hiciesen, pobres humanos, dejarían de temer la muerte… para temer a la vida, al darse cuenta que la muerte les liberaría de la enajenación que les ha privado de su naturaleza y los ha convertido en una pieza más del engranaje. Se percatarían de cómo les han tomado el pelo… y a lo mejor se revolverían contra el sistema. Pero la verdad, desconozco las consecuencias, no sé si eso les ayudaría o les acabaría destruyendo. Si vieran la verdad, no la reconocerían, y si la reconocieran, no podrían actuar por falta de aptitudes. No pueden aprender en un momento, lo que se les ha privado en toda su vida. Ellos han recibido las enseñanzas que se han ido transmitiendo de generación en generación como una verdad absoluta, y si esa verdad absoluta se convierte en una mentira absoluta… el mundo se llena de Kaos. 

Y como el ser humano es un ser irracional, dentro de todo, ya que ha aprendido como un perro las enseñanzas de su amo, como mucho le mordería la mano al amo, en lugar de enfrentarse a él dialécticamente. Yo no soy mejor que ellos, supongo que mi situación es peor, ya que sigo las reglas, a sabiendas, que van contra mi persona. Como dicen ellos… no hay otra realidad… y no la hay… porque me tienen presa en esta. Y yo sola no la puedo cambiar.

Llego a mi casa asqueada. Absorbida por mis pensamientos, enciendo la TV. Necesito enajenación para no vomitar el asco que siento por mi misma. La televisión es hipnótica, y supongo que es otro canal para inculcarnos bien las ideas que nos tienen dominados. Los publicistas hacen grandes obras sociales, educan al vulgo. Hasta pienso que va conmigo que es a mí a quien venden esas caras sonrientes como si con una bebida absurda se me fueran a tensar las mejillas obligándome a tal esfuerzo. Deben llevar drogas o algo así, o no lo entiendo, tranquilizantes, antidepresivos, que sé yo… La publicidad es lista… le ponen a uno de protagonista.


Consiguen que me ría (de mi misma) ante el espejo. Me río del ser que me mira y que no sé que hace el resto del día. Es un ser, que está allí, preparado, para que cada vez que mire en el espejo, me salude y recuerde como es mi cara (de agobio). Me gustaría ser imagen de espejo, aparecer sólo en el momento que lo buscas y quedarme esperando hasta que sea, el otro, el que vuelva, de la guerra, ¡Y que me reclame! que a lo mejor estoy TAN OCUPADA que ni aparezco, ¡Anda! Que se de cuenta de lo invisible que es. Por otra parte, debe ser aburrido ser imagen de espejo. Envejece, como yo, repitiendo lo que yo hago. A lo mejor, hace mi misma vida pero a la inversa… entonces… mi reflejo debe ser una ejecutiva despiadada que tiene a un centenar de subordinados, y no como yo, que soy la subordinada de otro como yo que a saber cuantos tiene por encima, y el pobre frustrado, nos recrimina su propia incompetencia. Le apunto con el dedo y disparo".

Debería dejar esta loca ciudad, abandonarla, y sino, despistarla y así dejarla atrás, en el olvido. Que me pierdan de vista los ciudadanos, con sus avinagradas vidas, estoy harta de sus caras de céntimo, de euro, corroído.

Miro por la ventana lo cotidiano. Las almas pérdidas no paran de caminar por mi calle. Imagino que les pagan para ello, lo deben hacer tan mal, que no repiten. La “casa” o caja de zapatos, no es gran cosa, bueno, como sala de torturas es genial, si ese fuera su cometido, se llevaría el premio. Por las noches: coches, ambulancias, basuras, disputas, borrachos, tacones, persianas, portazos, cisternas, calentadores, voces, gritos, televisión, manifestaciones, confrontaciones, bomberos, policías… De día: no sé, trabajo. Aunque, los fines de semana, las noches (de ruidos) son de 24 horas. O mejor dicho, la noche del viernes se encadena con la del domingo.

Lo extraño es que no acarree una depresión. Mi depresión esta ahí, expectante. Controla todos mis movimientos, y espera letalmente latente un descuido mío. A veces cuando me encierro en mi habitación, con las persianas bajadas para no recibir nada del mundo, la veo sentada en una silla, riéndose de mí, yo me hago la despistada. Me entierro bajo las sabanas y la almohada, para no verla ni escucharla.

No hago caso a mi razón, o mi razón no entiende de salud mental. Mi razón tendría que buscar salidas a este embrollo. Tendría que obligarme a cortar con este mundo infernal. ¿Que sufrimientos tuvo el joven werther comparados con los míos? ¿A caso en el libro, de goethe, narró las vicisitudes, de éste, a la hora de ir a trabajar? Supongo que no superó el proceso de selección.

domingo, 17 de junio de 2012

Cualquier día...


Negra noche y negro el decorado. Dos chicos deambulan con sus bicicletas por un descampado. La vegetación es densa. Se adentran por un camino. Los dos chicos silban como en verano azul, pero su canción no es veraniega, más bien es el último tema de los Tool, aunque su ineptitud por la música se confirma con su mala ejecución. Mientras manifiestan su incapacidad por la canción, uno se precipita cuesta abajo hasta caer en un agujero. Su amigo corre detrás de él, en su busca, gritando si está bien. El otro no responde.

El amigo se coloca en el borde del agujero y mira en su interior, su compañero está inmóvil junto a un cadáver. Los dos permanecen estupefactos. El cadáver es una mujer de unos 30 años con el cuerpo descompuesto, que está siendo devorado por gusanos. De repente el cuerpo de la mujer empieza a moverse convulsamente. El chico que está en el borde del agujero da órdenes a su amigo para que se vaya de allí, empieza a tirarle piedras para que reaccione. El chico agarra su bicicleta y la lanza contra su amigo para que la incorpore, aunque amigo y bicicleta caen de culo. El chico ve como un enorme gusano asoma por la boca del cadáver, empieza a arañar la tierra, patalea como un niño, su amigo lo atrapa por los sobacos y lo sube arriba. El gusano empieza a arrastrarse por el cadáver hacia ellos. Los dos gritan histéricamente y se van corriendo por donde han venido.

Los dos pedalean ansiosamente por el descampado, se dirigen a la carretera, un coche patrulla casi los atropella. El coche se para, baja un policía con cara de perro que les hace señales para que se acerquen. Los dos pálidos y con los ojos como platos se aproximan al coche, agarrándose fuertemente a sus respectivas bicicletas. Les interroga. Ellos, entrecortadamente, le cuentan al policía lo que han visto. El policía les exige que le guíen hacia el cuerpo del delito. Los dos se niegan rotundamente, recalcan lo del gusano de dimensiones gigantescas que asomaba por su boca y como había salido de ésta. El otro hombre que aún permanece en el coche, da el aviso en central, luego baja del coche y se coloca junto a su compañero. El policía comprende que no quieran ir, así que les pide que como mínimo les indique la posición, y que esperen junto al coche. Los dos asienten con la cabeza su predisposición para colaborar, señalan la zona del agujero amparados por la distancia y prometen esperar.

Los dos policías, se abren paso por el descampado. Uno de ellos gira la cabeza y ve como los dos amigos escapan salerosamente, mira a su compañero y le comenta que a lo mejor no ha sido buena idea. Los policías encuentran el agujero, examinan su interior, uno de los dos se aventura y baja junto al cadáver. El otro en el borde del agujero, le alumbra con la linterna. Los dos advierten un sonido. Algo que se arrastra entre las matas. El policía que está al borde del agujero enfoca el punto de donde proviene, ve como un gusano se abalanza sobre él, la linterna cae al suelo, el otro es deslumbrado por la luz, sube corriendo dirigiéndose hacia la linterna, la coge y alumbra el cuerpo de su compañero que se mueve de forma sincopada, viendo la cola del gusano, el resto ya se ha introducido por su boca. No sabe como actuar, impotentemente, corre hacia el coche para que le digan que cojones tiene que hacer. Cuando intenta correr, algo le agarra por un pie, el cadáver de la mujer está situado a sus espaldas. Mueve la boca enseñando sus dientes. El policía forcejea, la mujer le arranca una oreja, él le clava una patada, ella le agarra la pierna y se la arranca. El hombre cae inconsciente, aunque despierta justo en el momento que le devora su vientre.

Los dos chicos se despiden en un portal. El que ahora sube por las escaleras es Jonathan, y el que se va, es Richard. Los dos viven en un barrio periférico de su ciudad. El índice de delincuencia concentrado en ese distrito es elevado. Los dos están acostumbrados, ya han encontrado tres cadáveres, esta semana, en ese descampado.

Jonathan olvida el asunto. Abre la puerta de su casa, saluda a su madre alcohólica que ni le reconoce, se dirige en silencio a su habitación, en la que sus dos hermanos ya duermen, se desviste y se mete en su cama. No puede dormir, el ruido de las sirenas atraviesa las paredes. Sus hermanos se desvelan. El griterío de la calle aumenta. Se oye una manifestación de gente aproximarse. En menos que canta un gallo, mamporros en la puerta. Los dos hermanos salen de la habitación a ver que pasa. La madre abre la puerta y es absorbida por la masa, junto a sus dos hijos. Jonathan en la puerta, ve como son descuartizados e ingeridos. Sin dudarlo salta por la escalera de incendios y baja estrepitosamente hacia la calle, se encamina apresuradamente para casa de su amigo perseguido por gente agonizante. Las calles están en llamas.

Llega al edificio destartalado donde vive Richard. Empieza a tirar cosas a su ventana. Rompe uno de los cristales. La cabeza de su amigo asoma por el agujero “cagándose en tos sus muertos”, Jonathan bromea que elija el que quiera, que tiene muchos a sus espaldas. Su amigo se percata del asunto y le pide que le espere junto al coche, le lanza las llaves. Richard baja con su hermana, la madre y la abuela. Jonathan para el coche enfrente de ellos, los cuatro suben. Richard se lía a empujones con los no muertos que quieren catarlo. El culo de la madre casi no entra en el coche, Richard la empuja violentamente hacia dentro. Cierra la puerta y abre la del conductor, Jonathan le ha dejado el sitio. Richard arranca y atropella a unos cuantos, cantando puntos extra.


Los cinco en el coche entran en la M30. En plena noche, y atrapados en un atasco. Ya podían a ver puesto metro en la Elipa y se lo ahorraban. El coche parado. La abuela se caga encima. Se ahogan. La hermana y la madre la limpian. Richard y Jonathan bajan del coche e inspeccionan la zona. Cientos y cientos de coches parados. Todos ellos abandonados. Un estruendo hace que se giren sobre si mismos. Un no muerto se está comiendo los excrementos de la abuela, y a la abuela. La madre, la hermana se libran por los pelos, pero la madre tropieza, la hermana intenta incorporar a su madre, mientras su hermano, Richard, le espeta que huya, que no podrá con la madre que está muy gorda, que se salve ella. La hermana lucha con todas sus fuerzas intentando salvar a su madre, pero los no muertos ya la tienen cogida por las piernas. La hermana flojea y al final las dos, son engullidas por el gentío. Jonathan y Richard, cara a cara, se desgañitan en tanto se alejan del coche.

Unos coches más arriba, una mujer y hombre discuten por su frustrado matrimonio, ajenos a la desgracia que se les viene encima. Los dos tienen aspecto de ser de familia adinerada. Aburridos por sus avinagradas vidas, matan el tiempo entre disputas absurdas sobre su relación putrefacta. El marido, cabreado, sale del coche. Un agujero se abre en su sien. La mujer horrorizada se esconde tras el volante. De reojo ve a su marido que está tumbado en el asfalto. Levanta la cabeza y observa un comando que se dedica a disparar contra la gente que sale de los coches. Ella asustada, se dirige al asiento de atrás. Una vez situada allí, mueve el respaldo del asiento y penetra en el maletero del coche donde se esconde.

Jonathan y Richard oyen disparos. Se esconden detrás de un coche. Se sienten acorralados, por una parte están los no muertos que van hacia ellos, y en el otro lado un escuadrón de la muerte que se va cargando a todos lo que se encuentran por medio. Jonathan le dice que van a morir. Richard mira el suelo. Luego me mira a mí. Y vocifera que tengo muy malas pulgas.

Jonathan se gira hacia Richard extrañado, preguntándose con quien habla. Richard me señala. Le comenta que soy la responsable. Y el pobre Jonathan me saluda y me pregunta si les puedo sacar de ésta.

Jonathan y Richard bailan, y hacen señales a todo el mundo para ser un blanco fácil. Richard se enfurece y me recrimina mi comportamiento y me aconseja que no me pase, mientras su amigo está de rodillas en el suelo pidiéndome que no le mate.

Como no me gusta que me molesten en tanto escribo, dirijo el escuadrón asesino y la masa de no muertos para que les rodeen. Richard me exige que le de razones. Yo al final le mascullo que es mi relato y hago lo que quiero. Richard me llama animal y me ordena que lo cambie. El necio no sabe con quien trata. Le explico que él es un simple personaje que si no fuera por mí ni existiría. Jonathan me mira con los ojos abiertos y me pregunta si le puedo dar superpoderes. Me molesto mucho, y le pongo una chepa a Richard para pasarle mi décimo de navidad por su amorfa espalda. Sino gano el concurso, como mínimo ganaré la lotería.

Una mujer sale del maletero del coche que tienen a sus espaldas. Estudia la situación. Frunce el ceño. Le pregunta a Richard y a Jonathan que con quien demonios hablan. Me vuelven a señalar. Odio que me señalen. Ella me agradece el gesto por lo de su marido. Yo le informo que no va a disfrutar de la herencia porque los no muertos se la van a merendar. Me manda a la mierda. Le grapo la boca para que no hable. La Mujer me enseña su dedo corazón altivo y se lo corto. La pobrecita se retuerce por el suelo. Los no muertos huelen su sangre y se pelean por ella. Da status que se peleen por ti.

Richard se da cuenta de mi poder, pero me dice que a lo mejor se vuelve contra mí. Un francotirador del escuadrón de la muerte me saluda. Me apunta con su arma. Yo le hago bailar claque sobre las cabezas de los no muertos. El pobre resbala y precipita uno de sus pies sobre la boca de un no muerto y éste se lo arranca de cuajo, pero eso no hace que pare, el sigue bailando está vez en el suelo, creo que lo llaman break dance. Me fijo y veo que no está bailando, es más parecido al movimiento que produce un cuerpo cuando es mordido por pirañas.

Richard se me aproxima. Me indica que si estamos los dos juntos y le matan, yo moriré con él. Me aburre. Richard tiene un virus que le produce diarrea y se tiene que ir a defecar detrás de un coche, mientras hace sus necesidades despotrica. Jonathan se sienta a mi lado. Me invita a un cigarrillo. Los dos fumamos tranquilamente mientras vemos a los no muertos saltando y cantando alegremente. Le doy a Jonathan el poder de que pueda jugar con ellos al paquito el chocolatero. Jonathan empieza a jugar con los no muertos. Les pide primero que levanten una mano, luego la otra, luego un pie y se caen todos de culo. Reímos. Jonathan se divierte como un crío con sus Geiperman tamaño real.

Richard vuelve oliendo a caca. Los no muertos se tapan la nariz. Richard está furioso. Observa como Jonathan gobierna la voluntad de los no muertos y le solicita que lo utilice contra mí. Jonathan pasa de Richard, él siempre había querido ser cantante de orquesta para poder guiar los pasos de ese baile. Ahora todos le hacen caso y se siente el amo del mundo.

Como el tema Richard está muy sudado, lo convierto en no muerto y se une a los bailes que Jonathan organiza. La diversión dura poco, porque me aburro rápidamente. Jonathan lo descubre y utiliza su superpoder verbal contra mi persona. Como mi perro quiere morderme la mano, le devuelvo su misma medicina, hago que los no muertos le muerdan las manos sin miramientos. Cuando les ordena que paren, el muy tonto se muerde la lengua. Sale sangre a borbotones y un no muerto le come la boca.

Al final no queda nadie de mis personajes, porque me han hecho enfadar. Así, que la lucha final se llevará a cabo por los miembros del escuadrón de la muerte y los no muertos. Cómo no sé si es mejor que ganen los vivos como siempre o los no muertos como nunca, me voy al bar a tomar un café. Las dos bandas se quedan inmóviles esperándome.

Hay una cafetería que me abre sus puertas. Una camarera me trae un café y un bollo. Una televisión colgada en una pared, habla sobre el movimiento 15-M y como los indignados tratan de reconquistar Sol... pero unos golpecitos me devuelven a mi batalla... por lo visto, mis monstruos han encendido la radio de un coche, y han creado una Dead Party.
Pensándolo bien, los monstruos que he creado, no son tan mezquinos como los monstruos a los que se enfrentan los indignados.  Gane quien gane la tierra seguirá siendo un nido corrupto. Asqueada por la situación, dejo el final en manos del destino. Me vuelvo a la vida real, donde la realidad supera la ficción, y aunque no hay no muertos, hay otros monstruos más fieros que nos gobiernan. Les doy la espalda y les dejo a su libre albedrío, por lo visto, en el breve momento que decidí desconectar y ausentarme, aprendieron a superar sus diferencias y buscar sus puntos en común, y ahora estan en una continua juerga, ¿no podríamos hacer nosotros lo mismo? Siempre que hay alguien que supervisa... controla o castra o dice lo que se tiene que hacer... malo... Por el bien común xDDD Si es que la culpa la tienen los Griegos... envidia de pózima xDDDD

domingo, 10 de junio de 2012

Inconsciente (4)


Nereida empezó a tomar la medicación, su estado había mejorado. Intentaba seguir todas las indicaciones del documento a rajatabla, pero de vez en cuando sufría una cataplejía, por suerte, más moderada. Comunicó a su empresa su enfermedad, como no la conocían bien le pidieron que su médico le redactase un informe para saber de que se trataba, y de cómo afectaría en su rendimiento, esa petición ultrajó a Nereida, pero acabó acatando.

Después de entregarles el informe, la empresa no quería perder la bonificación por tener a una incapacitada en platilla y le obligaron a tramitar su minusvalía. A Nereida le dolió esa falta de empatía que demostraron sus superiores.

Nereida consiguió el día libre ya que a los directivos les concernía. Fue a la consejería de asuntos sociales para informarse de los trámites a seguir. Un asistente social la atendió y le comentó que tendría que presentar unos informes y que sería entrevistada ante un tribunal médico que evaluaría su grado de minusvalía. El asistente social prosiguió resaltando que si conseguía un 65% de minusvalía tenía derecho a la pensión de invalidez no contributiva si es que carecía de ingresos o no había cotizado a la seguridad social. Nereida estaba dada de alta en la seguridad social y cotizaba pero no sabía si tenía las cotizaciones suficientes, a parte era una exigencia de su empresa lo de tramitar la minusvalía, si Nereida no se sentía incapacitada. El médico le aseguró que en principio no era una enfermedad disfuncional, así que Nereida se cuestionaba como iba a pedir una pensión si trabajaba y si trabajaba era porque se sentía bien.

Tal vez que Nereida sufriese una cataplejía ante el asistente social, ayudó a que éste le asesorase para pedir su vida laboral en las oficinas de la Seguridad Social aunque le recordó que la mandaban por correo, así podría consultar si era lícito percibir la pensión contributiva, le notificó que si era pensionista la medicación era gratuita y tendría muchas otras ventajas y eso le gustó a Nereida ya que su mediación precisamente no era barata. El asistente social, también le entregó un listado de enfermedades susceptibles de valorar como minusvalías, publicada por la Seguridad Social y la consejería de Asuntos Sociales y comprobó por ella misma que la narcolepsia estaba incluida en el apartado de hipersomnias con los parámetros y porcentajes que se consideraban. El asistente social enunció que para tramitar dicha invalidez, debería visitar un neurólogo de la Seguridad Social que le hiciese un diagnóstico más o menos severo de su enfermedad detallando su respuesta con los medicamentos. Nereida preguntó al asistente si valía su médico, aunque fuese privado, no obstante, el asistente le expuso que debía ser de la seguridad social, al igual que el psicólogo que evaluaría su estado psicológico. El asistente social la acompañó hasta la puerta, y se despidió cortésmente sin poder evitar soltar un comentario del tipo <<Tienes una vida por delante, no la malgastes>>, al percatarse de que Nereida, en lugar de pensar en ella, se preocupaba más por su empresa que la estaba obligando a tramitar su minusvalía por el tema de las bonificaciones.

Nereida cayó en la cuenta de que el asistente social tenía razón, llevaba mucho tiempo canalizando todos sus esfuerzos en ese trabajo esclavista, ella sólo tenía una vida y no podía desperdiciarla, haría lo posible para cobrar la pensión y abandonar esa empresa de carroñeros que sólo querían sacar provecho de su enfermedad. Nereida estaba saturada por tanta información pero haría lo posible por empezar a vivir su vida, pensar en ella misma, ser la protagonista y no una mala actriz que no llega ni ha personaje secundario de su mísera existencia.

Quedaba una hora para su sesión con la doctora, Nereida entró en una cafetería que estaba cerca de su consulta. Pidió a la camarera un agua, tenía que evitar tomar estimulantes a esas horas, y añadió que si se dormía que por favor la despertase. Nereida apuraba el vaso de agua, bajo la mirada expectante de la camarera que seguro que pensaba que estaba loca. A lo mejor estaba acostumbrada, tal vez todos los pacientes de la doctora iban allí, no pudo evitar reírse cosa que obligó que la camarera la despertase.

En la consulta, la mayoría de las veces la doctora le preguntaba por sus sueños. A Nereida no le importaba perder el tiempo hablando de ellos, la doctora estaba emocionada con el caso de Nereida y no le cobraba las visitas, quería ahondar en su enfermedad, y había muy poca información tanto por internet como en las bibliotecas públicas.

Nereida no podía evitar sentirse como algo especial. Realmente, era especial y se dormía.

domingo, 3 de junio de 2012

Inconsciente (3)


Nereida logró incorporarse, una multitud le rodeaba. Alguien advirtió que una ambulancia venía en camino, pero Nereida no quiso quedarse a esperarla, pidió que por favor no se preocupasen, precisamente venía del médico. Un hombre joven se ofreció a llevarla a casa, pero Nereida se negó, no quería causarle molestias, y por mucho que el chico insistió, Nereida no accedió porque a lo mejor era el intruso que rondaba por su casa.

Finalmente en su templo, se sentó en el sofá apesadumbrada. Detalló en una libreta el ataque que había tenido para que la doctora lo tuviera en cuenta.

En una de las visitas siguientes a la doctora, después de todos los hechos más o menos relevantes que Nereida había recopilado en su libreta, la psiquiatra le comentó que podría tratarse de una apnea del sueño. La doctora le facilitó el teléfono de un especialista para que pidiese hora, no obstante, Nereida no lo tenía claro, ella creía que era un trastorno mental no obstante era alentador que hubiese una explicación física a su problema.

El especialista, un neurólogo, la visitó. Nereida tuvo que someterse a un polisimnograma y un test de latencias múltiples de sueño. Nereida recordó la noche que pasó en el instituto del sueño, cuando la enfermera le quitaba todas las ventosas, cuando se incorporó de la cama para irse a cambiar de ropa, las piernas le flaquearon y se precipitó de morros sobre el suelo sin poder protegerse con las manos. Cuando despertó comprobó si tenía todos los dientes, y efectivamente los tenía. Una cámara que había en esa habitación, registró lo sucedido y los profesionales decidieron hacerle un TAC cerebral.

Al cabo de unas semanas, el neurólogo llamó al móvil de Nereida y la citó en su consulta para él lunes porque ya tenía los resultados de las pruebas médicas. Nereida suplicó su diagnóstico al doctor porque faltaban dos días y no quería pasarlos en vela, pero el doctor se despidió recordándole que se verían en la consulta. Nereida estaba tan nerviosa que se sobresaltó cuando notó que alguien la sacudía, era el camarero que le avisaba que cerraban.

En la sala de espera de la consulta del neurólogo, Nereida echaba de menos sus uñas. De lo nerviosa que estaba, se hubiera comido las uñas de la mujer y el niño que esperaban con ella, si estos se lo hubiesen permitido. La enfermera apareció por la puerta y avisó a Nereida que era su turno.

Nereida se frotaba las manos sudorosas, respiraba pausadamente intentado calmarse. Todas esas semanas de pruebas y espera, se apoyó en las charlas de la doctora que la reconfortaban psicológicamente. La doctora le enseñó unas cuantas técnicas para calmar su ansiedad ya que se negó a recetarle medicación para combatirla. Nereida sentada ante el doctor esperaba su veredicto. Éste tenía los ojos clavados en su historial, dejó de examinarlo para mirar los ojos de su paciente y le comunicó su diagnosis sin perderlos de vista. Nereida tenía narcolepsia.

Nereida no sabía si eso era bueno o malo, porque desconocía de qué se trataba, exigió al doctor una explicación. El neurólogo le expuso que la narcolepsia era una alteración del sistema nervioso que afectaba a los mecanismos del sueño. Le informó sobre los recientes estudios que apoyaban la tesis que era debido a la muerte de las células hipocretinas que se hallaban en el hipotálamo y que en su lugar había una especie de tejido cicatrizado, llamado gliosis. A Nereida esa explicación le sonó a chino y evidenció su ignorancia. El neurólogo le entregó un documento donde se explicaba que era la enfermedad, incluso, se detallaban los síntomas, él se los enumeró. Inició la relación con la somnolencia diurna y la sensación de fatiga excesiva junto a los ataques de sueño; Seguidamente las cataplejías, las alucinaciones hipnagógicas y la parálisis del sueño; después prosiguió con otros síntomas que subrayó que eran secundarios, como la conducta automática y el sueño nocturno interrumpido. Nereida empezó a comprender, ella estaba familiarizada con esos síntomas, aunque necesitó que el neurólogo le aclarase lo de la conducta automática. El neurólogo lo interpretó como rutinas que uno no es consciente de que las desarrolla en el momento de su ejecución. Luego el neurólogo manifestó que la narcolepsia de momento era una enfermedad incurable, con lo cual el tratamiento era paliativo, atacaba sólo a los síntomas. Estaban haciendo unos estudios con células madres, pero aún no había ningún resultado satisfactorio. El neurólogo le recetó Modiodal para la narcolepsia y Rubifén para la cataplejía. De momento no le recetaba nada para las alucinaciones porque tenía que empezar a dominarlas, pero si se le hacía imposible controlarlas, le recetaría anafranil que no las hacía desaparecer pero ayudaba. Nereida con las manos sobres sus muslos, escuchó los consejos del doctor que le recordaba que se acostase y levantase a la misma hora, que evitase tomar excitantes y comer antes de dormir, que debía permanecer relajada antes de acostarse y que durmiese en un sitio tranquilo. Nereida se río, su casa precisamente no era tranquila, si parecía que la gente de la calle estaba en su salón. El neurólogo le pasó el documento y le sugirió que lo estudiase, y siguiese las indicaciones que había incluidas en él.

Nereida cruzada de brazos, clavó sus ojos negros sobre los del doctor, había una pregunta que rondaba su cabeza que no era capaz de pronunciar. El neurólogo animó a que la formulase. Nereida quería saber si la narcolepsia podía perjudicar su rendimiento laboral y si tenía que informar a su empresa de que la padecía, por otra parte tenía miedo de que la echasen por estar enferma, se sentía perdida. El neurólogo comprendía muy bien que le pidiese eso ya que tenía que empezar a descubrir cuales eran sus limitaciones y debía aprender a vivir con ellas. El neurólogo le aconsejó que si quería tramitar la minusvalía, podría pedir información en los servicios sociales o ambulatorios de la seguridad social.

domingo, 27 de mayo de 2012

Inconsciente (2)


Una mano se posó sobre su hombro, Nereida abrió los ojos desconcertada. Se había quedado dormida y no recordaba cuanto tiempo había pasado. Contrariada se levantó y corrió hacia su casa, avergonzada.
A las siete y media de la tarde visitaba al psiquiatra. Su consulta estaba lejos, pero decidió ir andando. A Nereida le encantaba caminar, observar las calles con esas casas antiguas, con los balcones llenos de plantas y alguna abuelita tejiendo tras la ventana, protegida por una cortina, que tal vez la abuelita misma, había bordado.
Nereida llegó a la consulta, acalorada, un poco antes de la hora. Sola, alumbrada por una tenue luz, sentada en un sillón de cuero marrón un poco deteriorado por el paso del tiempo, ojeaba unas revistas. Sobre una mesita baja de cristal, había unas cuantas antiguallas, junto a un libro de fotografías de paisajes y otro libro de fotografías de una colección de esculturas de yeso. Un hombre mayor cruzó el umbral de la puerta, y tras él una mujer un poco más joven. La mujer despidió a ese hombre con una amplia sonrisa, y se dirigió a Nereida cordialmente, señalándole la gran puerta de roble, abierta, que daba acceso a su consulta con un elegante despacho y dos preciosas sillas a opuestos lados.
La psiquiatra, a media luz, le pidió sus datos y formuló unas cuantas preguntas que Nereida respondió con rapidez. Luego, la psiquiatra le preguntó porque sospechaba que necesitaba tratamiento. Nereida le contó que últimamente tenía pesadillas, y también le esbozó por encima sus disfunciones sexuales. La psiquiatra procuraba dirigir la conversación que Nereida desordenaba.
Nereida compartió con la doctora su agotamiento, sus sueños terroríficos en que percibía la presencia de un extraño a su lado, incluso lo oía, lo olía y lo tocaba. Nereida se sentía desorientada, se despertaba agarrotada con pinchazos en la cabeza y hormigueos en las manos, no encontraba ninguna explicación al respecto. En un principio, visitó a su médico de cabecera que soltó un par de vaguedades como si ella tomase drogas o estuviese transitoriamente perturbada, con lo cual Nereida creyó más conveniente hacer caso a su amiga y visitar un psiquiatra.
La doctora estudiaba a Nereida divertida mientras Nereida le comentaba que a lo largo del día, se sentía tremendamente cansada, muy cansada, tan cansada que se dormía en horas laborales, no podía creerse que aún mantuviera su puesto de trabajo con esa conducta. Le narró otra vez las pesadillas que se sucedían con desvelos a lo largo de la noche y puntualizó que todo eso tuvo lugar antes de que Marco la dejase, que más bien Marco la había dejado a raíz de eso.
La psiquiatra no emitió ningún juicio de valor, simplemente tomó unas cuantas anotaciones y le pidió que la semana siguiente volviera a personarse en su consulta. Añadió la psiquiatra que Nereida debería apuntar todos los hechos que ella creyese relevantes porque así podrían estudiarlos en la próxima visita. Nereida se despidió de la doctora, sin saber muy bien, realmente, si esa consulta le había servido de mucho ya que algo que se revolvía en su ser le imposibilitaba confiar en ella.
De camino a casa, se sintió estúpida, creía que se había dejado muchas cosas por decir, que si la ansiedad, la angustia arraigada en su ser, la depresión, y esa sensación de muerte inminente que le sobrevenía muchas veces cuando se sobresaltaba.
Empezó a notar un dolor en el pecho, pero el corazón no palpitaba, más bien se ralentizaba. Los latidos de su corazón eran débiles, casi imperceptible, otra vez esa sensación, se estaba muriendo. Se le doblaron las rodillas y cayó desplomada en la acera, no tenía fuerzas ni para gesticular. Aunque tenía nublada la visión,  escuchaba los comentarios de la gente, nadie le ayudaba a levantarse. Se moría y no oía ninguna sirena de ambulancia, esa gentuza iba a permitir que falleciera.

domingo, 20 de mayo de 2012

Inconsciente (1)


El paseo cubierto de un manto anaranjado formado por las hojas caídas de los árboles, estaba iluminado por el ardiente sol de otoño del mediodía. Las pisadas pausadas de Nereida crujían sobre las hojas. Nereida abrigada con un gorrito de pana de color negro (cubría su melena rojiza) y una chaqueta a juego, vagaba cabizbaja inmersa en sus cavilaciones.

Últimamente, Nereida, no comprendía muy bien lo que le sucedía y se sentía deprimida. Tal vez, que Marco la dejase, había contribuido a ese sentimiento de angustia que Nereida era incapaz de dominar.

Nereida se sentía agotada y se sentó en uno de los bancos de piedra gris perla, colocados a lo largo del paseo. Intentaba evocar lo acontecido en las últimas semanas, pero las ideas eran un revoltijo de conceptos que Nereida era incapaz de relacionar entre sí.

Nereida reflexionaba los motivos por los que Marco la dejó. Nereida lo sabía muy bien. En las últimas relaciones sexuales que mantuvo con Marco, se quedaba rígida y no podía ni mover los brazos para abrazarle. Se ponía tan nerviosa que creía que se iba a morir. Nereida estaba fastidiada porque no sentía placer en esos encuentros carnales con su novio y temía ser frígida. Ocasionalmente, disfrutaba de una relación placentera con Marco, pero de repente se quedaba dormida y cuando despertaba no se acordaba de cómo y cuándo había pasado. Muchas veces si se excitaba se mareaba, la cabeza le daba vueltas y le venían unas ganas incontrolables de llorar. Marco no comprendía lo que le sucedía a Nereida, pero tampoco se esforzó para lograr ese entendimiento entre ambos. Marco empezó a sospechar, no podía evitar preguntarle a Nereida, inquisitivamente, si ésta había dejado de quererle, Nereida se sobresaltaba y se quedaba callada con el gesto descompuesto. Marco estaba harto porque decía que no se podía hablar con ella. Nereida tiesa, le escuchaba.

Nereida, después de que Marco volatilizase la burbuja, se quedó sola en casa. Por las noches sentía que alguien entraba y muchas veces pensó que era Marco que quería matarla. Tumbada en la cama no tenía fuerzas para levantarse, y eso que hacía grandes esfuerzos para moverse, pero se quedaba paralizada en tanto sentía al intruso deambular en la habitación de al lado donde estaba la cocina. No podía evitar imaginar que estaba buscando un cuchillo para clavárselo en el pecho hasta que se hundiese en su corazón. Una vez, Nereida, notó como estiraban sus sábanas y sentía como descendían hasta sus tobillos, aun cuando abrió los ojos comprobó incrédula que las sábanas permanecían en su sitio, rozándole la barbilla. Ese día constató que lo había imaginado. Aconsejada por una amiga, buscó el teléfono de un psiquiatra para que la tratase.

domingo, 13 de mayo de 2012

Lividez


En las profundidades del río me uní a las truchas, salté con ellas sobre las rocas, luchando contra la corriente.

En esos minutos, compartí mi existencia con un par de sillas vacías que parecían extraídas del museo de los horrores, a las que me uní en su juego de rodear una mesita baja, de madera oscura, para dar envidia al sofá posmodernista de colorines que iba a juego con el cenicero Gaudiniano que yacía risueño, sobre la chimenea burlona que mostraba sus fauces a la puerta chirriante que permanecía entreabierta por si tenía cojones de cruzarla.

Sentada en ese sofá, con la espalda apoyada en el respaldo, sacando humo por la boca con los ojos medio cerrados, Ariadna consumía los segundos de su eterna espera. Tenía hora con la doctora a las 19:30h, pero ya eran las 20:00h y nadie salía a recibirla.

En la mesa de madera oscura, que tenía dos cajones vacíos en sus extremos opuestos, yacían en su superficie unas revistas de fotografía extranjeras. Ariadna ojeó una de ellas que mostraba imágenes de muebles humanizados, como si fueran extraídas de un catálogo de IKEA. Otra de las revistas, cuya portada era una cara pálida deshumanizada, captó su atención. Ariadna, abstraída en las imágenes, se sobresaltó cuando la doctora posó su mano fría sobre su hombro, encontró su rostro a dos centímetros de su cara, y sólo la sonrisa le devolvió a ese mundo de realidades contraindicadas.

La cara limpia de Ariadna, no muy alejada del semblante pálido deshumanizado de la portada de la revista que había manoseado, se iluminó al recibir el saludo cordial de su doctora, que le indicó la puerta que debía franquear para pasar a la consulta. Oyó un portazo en la entrada principal que debió ser propinado por el paciente que acababa de evaporarse.

Sentada ante la doctora, Ariadna esperaba impaciente a que ésta se preparase. La luz cálida que desprendía la lamparita les daba una ambientación clandestina como si pudieran contarse secretos sin miedo a ser mancillados por algún entrometido. Después de una nueva salutación inicial, y un como estás de parte de la doctora, Ariadna empezó a narrarle los acontecimientos de la última semana. Pero a la doctora no le interesaba la enumeración de hechos, ella quería conocer las impresiones que tenía sobre ellos. Ariadna al enumerar esos hechos, evidenciaba su alejamiento con ellos, como si fueran vividos en la distancia por una persona ajena a ella. La doctora quería que se explayase con esas explicaciones, que crease un mundo como habitualmente hacía. La doctora indicó a Ariadna que por favor se mostrase más participativa, y entonces Ariadna inició una historia que quedó registrada en una cinta.

“El lunes fue uno de esos días que pasan sin darte cuenta, esos días que caen como las hojas anaranjadas de los árboles del paseo. El lunes, pasó fugazmente como una estrella que miras atrás y la evocas con cierta añoranza. Ese lunes, guié mis pasos a la filmoteca para ver un pequeño fragmento del pasado, aunque impostado era bello y recreó mis sentidos al visionarlo.

Tres butacas más atrás, mi ex estaba visionando las mismas imágenes que se me gravaban en la retina. Pero no reparé en él entonces, sino más tarde en la cafetería, fue el quien me dijo dónde había estado todo el rato, contemplándome el cogote. Estaba rodeado con los amigos que compartimos entonces, cuando escribíamos poemas en las sábanas, con nuestro sudor. Yo iba sola, aunque siempre me encontraba con alguien con quien comentaba lo visto delante de un café humeante. Después de dos años sin acercarse, ese día fue distinto, mi ex fue a mi encuentro. Recuerdo bien la sensación que me reafirmó el tinte rojo en mis mejillas, cuando mi ex me saludó cortésmente besándome sobre la capa roja que había florecido en una de ellas. Estaba acalorada con el corazón palpitante.

No sé que demonios estrujó mi mente, y aunque como una esponja se estrujaba no había líquido que sacara. Mi esponja estaba reseca y él no podía humedecerla. No brotaban palabras de mis labios, más bien monosílabos entrecortados. Es tan fuerte el poder destructivo que ejerce sobre mí, no puedo olvidar el infierno en el que me hizo arder como una bruja condenada, injustamente, en la edad media. Si me hubiese pinchado con una aguja no hubiese logrado sacarme sangre, estaba vacía, tanto física como mentalmente”.

Ariadna, con los ojos abiertos sobre un peluche que reposaba sobre el despacho de la doctora, le preguntó educadamente a ésta si podía servirle un vaso de agua. La doctora soltó un como no agradable y desapareció tras la puerta en busca de agua con la que humedecer su garganta.

Últimamente Ariadna había vuelto a llorar. Lloraba incontrolablemente como presa por un ataque de ansiedad. Clavaba sus uñas sobre sus muslos enfundados en unos tejanos estrechos y apretaba sus deditos contra su carne como si el dolor fuera a devolverla a la realidad y no a esas ensoñaciones que tanto la maltrataban. Ariadna cogió un trozo de papel del rollo medio acabado que había sobre el escritorio. La doctora no le decía nada, y si hablaba era para preguntar. Pero no afirmaba ni negaba nada, no ofrecía una respuesta o bien una solución al problema formulado, más bien incidía con sus preguntas sobre el tema. Ariadna creía que era una técnica de la doctora basada en la auto-reflexión, como si el mero hecho de pensar en ello por parte de la paciente, conllevara a que su propio intelecto, el de la paciente, fuese a regalarle a la paciente, una respuesta.

Perdida estaba Ariadna, con sus ataques de ansiedad y su malhumor. Su sentimiento de fracaso y su comportamiento auto-destructivo. Ariadna suponía que se merecía todo lo que le sucedía, lo bueno y lo malo. Se culpabilizaba, y se maltrataba golpeándose en la cabeza cuando la rabia nublaba su mente.

La doctora le preguntó por sus sueños, sus miedos y su ideales. Ariadna vació el vaso de agua de un sorbo y pasó su lengua sobre sus labios, inconscientemente.

“Doctora, últimamente no sueño. Sobre los miedos, le temo a todo. Detesto ir a trabajar por las mañanas porque observo la falta de dignidad de las personas cuando pasean su mala hostia por el metro. Odio mi trabajo porque no comprendo la finalidad de éste, o bien la finalidad de éste, está tan alejada de mí que lo aborrezco. Yo preferiría escribir poemas, pero no se considera una profesión, la gente que me rodea me subraya que escribiendo poemas no llenaré la nevera ni pagaré mis facturas, pero me siento tan vacía trabajando en un trabajo que me debilita por que no me dice nada, supongo que antes una profesión decía mucho de una persona, pero ahora que no eliges más bien te eligen, la profesión más que definirme me esclaviza.

¿A cerca de mis ideales? Me encantaría poder abandonar a mi familia. Mi madre vive pendiente de su madre, y yo no puedo vivir pendiente de ella. El otro día, cuando mi padre y mi hermano la reñimos porque estaba demasiado ocupada con su madre, teniendo hermanos con quien compartir esa tarea, alegó que ella no trabajaba y que podía hacerse cargo de la vieja. Mi hermano le recriminó que si ella no trabajaba no era porque no quisiera, sino porque había un médico que le aconsejaba que no lo hiciera. Mi madre está enferma, y si empeora… ¿Quién la va cuidar? Ella dijo que yo, pero yo no quiero estar pendiente de ella, ya se lo he dicho. Estoy harta de ser una mala actriz que interpreta el papel secundario de su propia vida.

¿Ideales? Me gustaría largarme, pero no se donde. Supongo que lejos del influjo de mi madre, o bien lejos de la esclavitud donde desemboca mi inercia”.

Una lágrima afloró de su brillante ojo y descendió por su mejilla hasta besar la comisura de sus labios. El papel arrugado que sostenía sobre sus manos, sirvió para volver a secar esas lágrimas que sus ojos desprendían. Siempre la misma parrafada escupía su boca, era una idea obsesiva que siempre repetía. La doctora no era la primera vez que lo escuchaba, ni la primera vez que veía como esas palabras provocaban el llanto incontrolable en su paciente. La doctora le había recetado un tranquilizante por el estado de nerviosismo en el que Ariadna se regocijaba. Su problema era debido a la castración, pero también a su propia castración. La doctora no le podía decir, Ariadna estás castrada, descástrate. Era Ariadna quien tenía que mirar por su bien, y tomar esa decisión, romper con lo que la mantenía presa, pero allí seguía, delante de ella, llorando por las mismas cosas, atrapada en esa inercia que la engullía, o al menos eso le manifestaba Ariadna.

Realmente, la doctora, un día esperaba que Ariadna le confesase que nunca más iría a su consulta, que había logrado vencer su miedo y se iba a algún sitio a comenzar su propia vida. Esperaba ese día con ansia, el día en que Ariadna rompiera con todo y recobrara el protagonismo del cartel de la obra de su vida. La doctora había leído sus poemas y le parecían hermosos, no comprendía que Ariadna se encerrase en un mundo de sombras si estaba asomada al mundo de las ideas. Ariadna era tan sensible, tan inteligente, tan bella pero se menospreciaba, y era incapaz de ver en ella lo que la doctora le veía. La doctora le preguntó por sus planes, sin involucrarse.

“Si tuviese dinero me compraría una casita en Segovia. Viviría en el campo, alejada de la ciudad, no obstante son sueños rotos, la realidad me golpea en la cara cada vez que me miro en el espejo. Supongo que permaneceré en la empresa donde desempeño una tarea absurda, consumiré mis días hasta que encuentre un compañero que los consuma conmigo… A veces tengo tanta envidia de Dostoievski, tal vez su espejo también le mancillaba la cara y se resbalaba por las rocas que sobresalían del río inercia… Quien sabe, a lo mejor debería buscar en sus libros la forma de no ser una rata del subsuelo, royendo la escoria de mundo prefabricado que me entierra en vida. Sé que podría vivir en la superficie, pero los hombres con garrotes esperan que asome mi cabecita”.

Tanto la doctora como la paciente se rieron por esas últimas palabras. La doctora visualizó a un ente maligno esperando a que floreciese la cabeza de Ariadna para atestarle un golpe que la devolviese a las profundidades. Lo malo de Ariadna, es que no había visto su cara reflejada en ese hombre, era ella misma quien se esperaba con el garrote. Ariadna negaba su propia felicidad, y temía por su vida. La doctora intuía que si Ariadna no volvía, no sería porque se hubiese liberado como ella esperaba, sino porque habría cortado la cuerda que le une a uno a la vida.

Ariadna no quería renunciar a su felicidad, aunque le costase su libertad. Un día Ariadna lo había dicho, lo había entrevisto en un pensamiento fugaz que le carcomió las entrañas. Explicó muy bien a la doctora que la felicidad era fruto de la ignorancia, pero que una vez que te percatabas de la realidad que te rodeaba, se apoderaba de ti una sensación de infelicidad corrosiva capaz de corromper la carne que cubre los huesos. Ella quería ser ignorante para ser feliz, pero ella no se daba cuenta que no podía volver atrás, tenía que aprender a vivir con ello. Ella había descubierto los intríngulis de la existencia humana, no podía borrar ese conocimiento de su mente, la única manera sería siendo afásica, pero eso no se elige, eso se tiene o no se tiene, uno no puede provocárselo.

El reloj marcó la hora de acabar con la sesión. La doctora percibía perfectamente que estaban en punto muerto. No avanzaban pero tampoco retrocedían. La doctora la citó para la semana siguiente, el mismo día de la semana y a la misma hora. Le pidió que por favor escribiera un escrito con sus emociones para que se lo leyese. A lo mejor leyéndose se comprendía, que mejor que buscar en Dostoievski que buscar en sí misma. La doctora acompañó a Ariadna hasta la puerta con una amplia sonrisa, le aconsejaba que no se cortase en su escrito ni el número de hojas ni en su contenido. Le pidió que enfocase el tema de su madre, si veía alguna obligación con ella, o bien, si se sentía identificada con ella, no fuera que creyese que era una prolongación de su madre. Que escribiese también sobre su ex ya que aún le desmoronaba los cimientos sobre los que construía, no fuese que la no superación de esa relación por no haber pasado página le impidiese relacionarse con nueva gente. Y por último que hablase de su trabajo, y que buscase dentro de ella algo que la ligase. Que se definiese a través de su trabajo, que buscase algo, que la obligase a quedarse.

Ariadna después de tomar nota y despedirse, cerró la puerta tras sus espaldas. Bajó las escaleras que conducían a la calle. Por fin, en la calle, tomó una bocanada de aire espeso, hasta el aire estaba enrarecido en esa gran ciudad de grandes barcazas contaminantes. Abrigada y encorvada se dirigió a la boca del metro, para reencontrarse con la falta de urbanismo de los seres histéricos que allí concurrían. Pero había cosas peores, los días de lluvia con los paraguas punzantes que se clavaban en el ojo. La gente tenía tan poco reparo con los seres que compartían con ellos su entorno. Ella sabía que si permanecía en esa ciudad, seguirían disfrutando de lo peor de ella, un día se volvería loca y rebanaría algún cuello, la verdad es que le encantaría hacerlo, así borraría de la faz de la tierra otro ser patético que como ella navegaba por las abruptas aguas del río inercia.

domingo, 6 de mayo de 2012

Displicencia


Llevaba tantas horas, Ethk Ramunc, encerrado a oscuras en ese cuartucho de dos por dos, que ni se inmutó cuando se sentó sobre su propio charco de orín. Había ahogado las fuerzas buscando una salida. Su descomunal cuerpo había caído en picado como una melodía de Sergei Rachmaninov sobre el frío suelo de su celda. Sus rebeldes rizos, pendían sobre sus brillantes ojos, donde aún albergaba una pequeña esperanza de escapar con vida.

Incluso se había acostumbrado al molesto y constante zumbido grave, que había conseguido discriminar de su percepción, la vibración transmitida por los conductos de aire (que tenían en su interior ventiladores girando a intervalos) en la pared agrietada donde estaba apoyado. A su vez, la pared, llena de manchas de humedad, se fue convirtiendo por momentos, en una tullida cama, en la que se sumergió en un psicodélico sueño de colores narcotizantes y siseos, y coros gélidos que fueron resquebrajando sus pensamientos hasta dejarle el cerebro seco, despejado, hasta quedar suspenso, en medio de la nada, flotando, en medio de una nube de gas, esperando su ejecución, una gran deflagración.

Al final, dos seres enormes, entraron en la pequeña habitación, Ethk dio un gran respingo, cuando vio que se dirigían hacia él, se sentía tan desfallecido, que uno sólo de esos calvorotas pudo reducirlo en un instante, y entre ambos lo arrastraron fuera de la húmeda y mohosa estancia en la que había estado preso tanto tiempo. No era consciente de si habían sido horas, o incluso si había sido más de un día, sólo sabía que había despertado allí, sin saber porque, tal vez ahora se le resolverían las dudas, tal vez alguien le explicaría que estaba pasando, porque había sido encerrado en esa habitación claustrofóbica, y porque ahora dos energúmenos lo arrastraban por la penumbra, a través de unos fétidos pasillos con apenas ventilación, aguantando un calor asfixiante.

Finalmente llegó a un despacho alumbrado por una pequeña lamparita que había en la mesita, que estaba puesta de tal manera, que le deslumbraba y le jodía la vista. Por lo visto, todo estaba pensado para joderle y exasperarle, querían incomodarle y lo estaban consiguiendo. No sabía como comportarse y afrontar la situación. Y sabía que todo dependía de su reacción. No podía comportarse como una nenaza, un víctima, pero tampoco como un chulito o un sabiondo, tenía que medir muy bien sus palabras, tenía que estudiar la situación, adaptarse, tenía que saber que coño pasaba, no podía perder los nervios, lo mejor que podía hacer era esperar, esperar que le dijeran que pasaba, que querían de él, era mejor no avanzar acontecimientos, no precipitarse, no mostrar miedo, ni debilidad, aunque estaba acojonado, y no tenía ni idea de cuanto podría aguantar la compostura, pero tenía que guardar las apariencias, intuía que su vida dependía de eso.

Tenía la boca seca, le rascaba la garganta, como si hubiese tragado alfileres. Se sentía dolorido, cansado, le pesaban los ojos. Molesto. Sentía como se le había dormido la pierna. Encima tenía el pantalón humedecido de haberse orinado encima. Necesitaba darse una ducha, apestaba. Sentía la piel acartonada por el sudor reseco, y se sentía grasiento por el sudor que no dejaba de emanar de su cuerpo. El pelo se le pegaba en la frente, en las sienes y en cogote. Encima, notaba que tenía mal aliento por no haber ingerido nada de alimento. Se sentía fatal. A parte, de vez en cuando, sentía algún retortijón en el estomago porque le venían ganas de ir al baño, y calambres en el pecho, por los nervios y el estrés al que estaba siendo sometido.

martes, 28 de febrero de 2012

viernes, 24 de febrero de 2012

jueves, 23 de febrero de 2012

¡Grotesco!



Sigo sin pillar la coreografía...

Chocante... Extravagante... Ridículo... Burlesco... Un baile de mierda... cómico... arrítmico... y bueno... como no entiendo ni papa de lo que dicen tal vez pierdo la ironía y el sarcasmo de lo que dicen... y ahí está la gracia... pero bueno... que parecen que tengan el mal de san vito... o la enfermedad esa del parkinson o como se escriba... en fin… jajaja winston2

miércoles, 22 de febrero de 2012

martes, 21 de febrero de 2012

lunes, 20 de febrero de 2012

¡Disfruta!


 

He encontrado la película los hombres que miraban fijamente a las cabras... espero que os encante tanto como a mi... disfrutar de los enlaces!!!!

domingo, 19 de febrero de 2012

¡Cornupeta!

 

Internet siempre tiene eso... que te abre las puertas a un montón de cosas insospechadas... aunque bueno... es un tobogán a la memoria colectiva... a la piscina de los recuerdos... aunque ya se sabe... mejor no vivir del pasado y disfrutar del presente... no se puede vivir aferrado al maldito rosebud... xD

sábado, 18 de febrero de 2012

¡Hábito!

 

Ecclesiastical Fashion Week

  • Modelo núm. 1 - Paciencia.
  • Modelo núm. 2 - Tórtolas de la Inmaculada.
  • Modelo núm. 3 - Las Hermanitas de las Tentaciones del Purgatorio.
  • Modelo núm. 4 - Deportivo Paraiso.
  • Modelo núm. 5 - Cura de Pueblo.
  • Modelo núm. 6 - Elegancia en la Sacristia...
Entre otros... con su top model estrella...

Escena de la película Roma (1972) dirigida por el director Federico Fellin.

viernes, 17 de febrero de 2012

¡Bochorno!

 


Cuando llega Agosto... Madrid es un Desierto xDDDD pero el Metro está divino... pq no hay ni Dios... eso si... luego... bajan la intensidad... y esperas horas y horas... con lo cual... sólo deseas irte para Cambrils, o Málaga... o Asturias...

jueves, 16 de febrero de 2012

¡Descartado!

 

Estuvo todo el verano sonando y sonando, los amigos le sacaban letras alternativas... salieron videos alternativos... y todo eran risas y risas... pero ahora... Que fue de... Las Ketchup? Yo no lo sé... tampoco es que me haya dedicado a buscarlo...
 

miércoles, 15 de febrero de 2012

¡Ribera!

 

No te olvides la toalla cuando vayas a la playa...

Aix... que ganas de que vuelva el buen tiempo... que ganas de meter los pies en remojo y disfrutar del sol... Quien quiere vacaciones fuera cuando lo mejor sucede en nuestras magníficas costas xDDD

Somos unos privilegiados!!!!

martes, 14 de febrero de 2012

¡Aerostato!

 

Todavía recuerdo los SabriCromos en el Pronto de mi abuela... Dios Dios Dios!!!

lunes, 13 de febrero de 2012

¡Cabriola!

 

Mítica canción del verano con baile incluido, que revolucionó las hormonas de las niñas... con croquis en la Superpop... entre otras revistas para quincieras... xDDD que lo pusieron en práctica... con los Niñatos Turistas que invadían sus costas... xDDD

sábado, 11 de febrero de 2012

viernes, 10 de febrero de 2012

¡Impacto!

 

Las chinas cudeiras y el concursante sexy con la participación de Takeshi Kitano xDDD

jueves, 9 de febrero de 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

¡Trastazo!

 

¡El Síndrome del Pringao... y el Calvo Triste!

Humor amarillo... Nunca Falla xDDD Las Zamburguesas... La liana... sigue sigue...

martes, 7 de febrero de 2012

lunes, 6 de febrero de 2012

¡Prodigio!

 

 Un buen ritmo para despertar los miembros entumecidos por el frío... los virus... gripales... los mocos y demás...

domingo, 5 de febrero de 2012

¡Mazo!


 Lo que puede pasar en unos baños públicos con unos mininos como estos...

sábado, 4 de febrero de 2012

¡Destreza!

 

Cansado de que te digan lo que debes o no debes hacer... 
Que te comparen... que te digan... No es lo mismo... lo que tu haces... no es lo mismo que yo hago yo... tu caso es distino... cuando en el fondo... tu te das cuenta que si lo es y estallas y dices... ¡Tu quoque!


La amiga que lleva 5 años con el mismo chico, intentándo cambiarlo... gritándolo y destruyendolo, aferrándose al él, aterrada, con miedo a dejarlo, tal vez por que si lo deja, encontrará algo peor, o no encontrará nada... Miedo a estar sola...

Luego está la otra amiga, que tiene varios amigos con derecho a roce que va repitiendo y repitiendo con ellos, no se queda con ninguno, pero no amplia el círculo, sino que va teniendo las relaciones con esos cuatro o cinco amigos, por que sino entraría en el rol de golfa.

Pero tu... como tu experimentas y ves que ha dado error... y aprendes de los errores... y pasas de perder el tiempo intentando cambiar a nadie... y de repetir experimentos fallidos... te tratan de golfa... así que o haces oídos sordos... o cambias de amigas... Si es que tu has aprendido ha estar sola y a disfrutar de la vida...

Ya lo sabes... ¡Tu quoque!










viernes, 3 de febrero de 2012

¡Abundancia!

 

A veces la música es como una copa de vino, o como gotas de lluvía descendiendo por las mejillas de un rostro... o como las suaves manos cálidas acariciando las cuerdas de una dulce guitarra... que se confunde con la silueta de un cuerpo... en la penumbra... son los sueños, las esperanzas, las ilusiones, el despertar de un nuevo día... que llega... o una noche que se duerme... un pasar página... y dejar atrás... una estación... 

jueves, 2 de febrero de 2012

¡Mazmorra!

 

Parodia de Jose Mota de Shakira, en plan Diosa Geriátrica... Blasa... en plan vieja en una Jaula... con ganas de salir... estupendo video... 

lunes, 30 de enero de 2012

domingo, 29 de enero de 2012

¡Superación!

 

Cuando la gente supera sus miedos, es capaz de grandes cosas... ¿Quién necesita superhéroes? Si el ser humano tiene la capacidad de realizar grandes proezas... sin necesidad de superpoderes... Sólo debe superar sus limitaciones... mentales... sociales... culturales... físicas... y dejarse llevar... el ser humano es resistente, inteligente, fuerte y capaz... por que entonces... nos olvidamos de esa fuerza interior... y nos dejamos llevar por las debilidades que nos vuelven mezquinos, destructivos, inseguros, irracionales... Tenemos la capacidad de decir basta y construir nuestro futuro... sin tener que aguantar memeces... pero aún así dejamos que nos esclavicen... Somos fuertes... luchadores, y podemos lograr muchas cosas... ya sea de forma individual o conjunta... Usemos nuestras capacidades para hacer de nuestra libertad... algo real y no aparente... tomemos decisiones desde la fortaleza y no desde el miedo... pues nada es eterno... y el presente es cambiante... seamos dueños de nuestro destino... 

sábado, 28 de enero de 2012

¡Títere!

 

Tal vez es cierto que tener a un negro disecado en un museo no sea correcto, si nos regimos por castraciones morales... aunque también lo es no desprenderse de los iconos... tenemos el defecto de personificar en otros nuestras porpias emociones e interpretar bajo nuestra subjetividad nuestro entorno... sin dar la oportunidad a este entorno que se presente de forma objetiva... sin connotaciones, sin traumas añejos... conceptos caducos... tenemos que despertar cada día con la mente liberada... darle la oportunidad al nuevo día, al nuevo momento, al nuevo segundo... de que nos sorprenda... sin rescatar experiencias lejanas... que ensucien nuestra vista y condicionen nuestras decisiones... por que si... tal vez puedes volver a caerte... pero también puedes volver a levantarte... pero si no te arriesgas... no sabrás si hubieses podido mantenerte en pie.