"He decidido cortar con toda
esta locura. Parar la inercia. Pero si no eres millonaria o, como
mínimo, nadas en la abundancia, eso es imposible. Pero un día, la
puerta, unidireccional, me llevará a la puta calle.
Después de trabajar, corro desesperada, para no tener que esperar, el
dichoso autobús que me deja delante del metro. Muchas veces he pensado
en el suicidio, sería la única fuente de liberación, para mi mente
enferma, después del grandioso esfuerzo que hace, cada mañana, poniendo a
funcionar mi organismo, para que se introduzca en lo que más detesta
(aborrece, odia, hastía, aburre, fastidia, carga, empalaga, amuerma y
putea… ¿Me he dejado alguno?). Pero no quiero dar esa satisfacción a la
sociedad, antes les pasaba el cuchillo a todos ellos, que acabar
conmigo. ¿Se creen que no percibo los mensajes subliminales que
marchitan nuestra psique, nuestra inteligencia y finalmente nuestro
físico?
Supongo, que los demás digieren bien las enseñanzas heredadas gracias a
la capacidad humana por evitar salirse del camino impuesto, se niegan a
desinhibirse, y permiten ser doblegados ante los usos sociales
anclados en su subconsciente, con lo cual, no cuestionan la realidad
que les gobierna, ya que para ellos esa realidad es única y universal.
La sociedad consigue que todos se entiendan, los unos a los otros,
soltándose sentencias arraigadas en el pensamiento colectivo que
comprenden y ven como propio, y que les hace sentir como los seres
racionales que creen que son. Esas sentencias aprendidas
inconscientemente, son gracias a la sociedad que juega sutilmente con
los miembros que la integran, manteniéndoles entretenidos en algo fútil,
para que estén con la guardia baja, siendo ese el momento idóneo para
bombardearles la mente con ideas que creerán que ellos solitos han
desarrollado. Los pobrecitos reciben las ideas inyectadas con los brazos
abiertos, y las transmiten (como un virus) a otros para que les
escuchen con devoción, y lo harán, porque coincidirán en conclusión.
Pero es lógico que coincidan, ya que la sociedad se ha basado en
enseñanzas univocas. Esas enseñanzas, permiten creer al pueblo que sólo
existe esta realidad en la que están conferidos. Que cuestionarse
“otra” es una pérdida de tiempo. Que intentar cambiar el estado de las
cosas no es productivo, y es una forma banal de quemar las energías.
Así
que es lógico pensar, que los miembros creados bajo la razón de está
sociedad, sean incapaces de luchar contra el sistema, ya que el sistema
les tiene bien inculcados, y ellos tienen muy bien asimiladas las
reglas. Pobres humanos, por eso antes les pasaba el cuchillo a ellos que
a mí. Su incapacidad por desarrollar pensamientos a partir de la nada,
de romper con las ideas preestablecidas y generar unas propias… les
hace parecer seres que han sufrido una afasia, por su ineptitud al
expresarse de una forma autónoma.
Sería mejor que no despertasen nunca, que los cimientos que les
mantienen no se derrumbaran jamás, porque si su ignorancia se revelara
de la misma forma como yo se la percibo, descubrirían lo desdichados que
son. Pero ellos mismos se lo han buscado, con su facilidad por recibir
ideas colectivas sin ponerlas en tela de juicio. Hacen oídos sordos a
las ideas que les desmoronarían, las que cuestionan su naturaleza, y se
defienden de ellas impidiendo que penetren en su ser, se niegan a
razonarlas. Si lo hiciesen, pobres humanos, dejarían de temer la muerte…
para temer a la vida, al darse cuenta que la muerte les liberaría de
la enajenación que les ha privado de su naturaleza y los ha convertido
en una pieza más del engranaje. Se percatarían de cómo les han tomado
el pelo… y a lo mejor se revolverían contra el sistema. Pero la verdad,
desconozco las consecuencias, no sé si eso les ayudaría o les acabaría
destruyendo. Si vieran la verdad, no la reconocerían, y si la
reconocieran, no podrían actuar por falta de aptitudes. No pueden
aprender en un momento, lo que se les ha privado en toda su vida. Ellos
han recibido las enseñanzas que se han ido transmitiendo de generación
en generación como una verdad absoluta, y si esa verdad absoluta se
convierte en una mentira absoluta… el mundo se llena de Kaos.
Y
como el ser humano es un ser irracional, dentro de todo, ya que ha
aprendido como un perro las enseñanzas de su amo, como mucho le mordería
la mano al amo, en lugar de enfrentarse a él dialécticamente. Yo no
soy mejor que ellos, supongo que mi situación es peor, ya que sigo las
reglas, a sabiendas, que van contra mi persona. Como dicen ellos… no
hay otra realidad… y no la hay… porque me tienen presa en esta. Y yo
sola no la puedo cambiar.
Llego a mi casa asqueada. Absorbida por mis pensamientos, enciendo la
TV. Necesito enajenación para no vomitar el asco que siento por mi
misma. La televisión es hipnótica, y supongo que es otro canal para
inculcarnos bien las ideas que nos tienen dominados. Los publicistas
hacen grandes obras sociales, educan al vulgo. Hasta pienso que va
conmigo que es a mí a quien venden esas caras sonrientes como si con una
bebida absurda se me fueran a tensar las mejillas obligándome a tal
esfuerzo. Deben llevar drogas o algo así, o no lo entiendo,
tranquilizantes, antidepresivos, que sé yo… La publicidad es lista… le
ponen a uno de protagonista.
Consiguen que me ría (de mi misma) ante el espejo. Me río del ser que me
mira y que no sé que hace el resto del día. Es un ser, que está allí,
preparado, para que cada vez que mire en el espejo, me salude y
recuerde como es mi cara (de agobio). Me gustaría ser imagen de espejo,
aparecer sólo en el momento que lo buscas y quedarme esperando hasta
que sea, el otro, el que vuelva, de la guerra, ¡Y que me reclame! que a
lo mejor estoy TAN OCUPADA que ni aparezco, ¡Anda! Que se de cuenta de
lo invisible que es. Por otra parte, debe ser aburrido ser imagen de
espejo. Envejece, como yo, repitiendo lo que yo hago. A lo mejor, hace
mi misma vida pero a la inversa… entonces… mi reflejo debe ser una
ejecutiva despiadada que tiene a un centenar de subordinados, y no como
yo, que soy la subordinada de otro como yo que a saber cuantos tiene
por encima, y el pobre frustrado, nos recrimina su propia
incompetencia. Le apunto con el dedo y disparo".
Debería
dejar esta loca ciudad, abandonarla, y sino, despistarla y así dejarla
atrás, en el olvido. Que me pierdan de vista los ciudadanos, con sus
avinagradas vidas, estoy harta de sus caras de céntimo, de euro,
corroído.
Miro por la ventana lo cotidiano. Las almas
pérdidas no paran de caminar por mi calle. Imagino que les pagan para
ello, lo deben hacer tan mal, que no repiten. La “casa” o caja de
zapatos, no es gran cosa, bueno, como sala de torturas es genial, si ese
fuera su cometido, se llevaría el premio. Por las noches: coches,
ambulancias, basuras, disputas, borrachos, tacones, persianas, portazos,
cisternas, calentadores, voces, gritos, televisión, manifestaciones,
confrontaciones, bomberos, policías… De día: no sé, trabajo. Aunque, los
fines de semana, las noches (de ruidos) son de 24 horas. O mejor dicho,
la noche del viernes se encadena con la del domingo.
Lo
extraño es que no acarree una depresión. Mi depresión esta ahí,
expectante. Controla todos mis movimientos, y espera letalmente latente
un descuido mío. A veces cuando me encierro en mi habitación, con las
persianas bajadas para no recibir nada del mundo, la veo sentada en una
silla, riéndose de mí, yo me hago la despistada. Me entierro bajo las
sabanas y la almohada, para no verla ni escucharla.
No
hago caso a mi razón, o mi razón no entiende de salud mental. Mi razón
tendría que buscar salidas a este embrollo. Tendría que obligarme a
cortar con este mundo infernal. ¿Que sufrimientos tuvo el joven werther
comparados con los míos? ¿A caso en el libro, de goethe, narró las
vicisitudes, de éste, a la hora de ir a trabajar? Supongo que no superó
el proceso de selección.